Hogwarts: La Magia en tu Sangre



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Vampire Conspiracy

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Vampire Conspiracy

Mensaje por Sieglieg Liedger el Vie Dic 28, 2012 12:29 pm

Prologue

Las pisadas de las botas sobre las hojas secas eran los únicos sonidos que contrastaban con la respiración natural del bosque. Mirando en derredor, la tierra desprovista de verdor predominaba en aquella época del año. Era otoño entrante y los árboles exhibían una interesante y muy precoz mezcla de tonos rojos, naranjos, cafés y amarillos. La brisa fresca acariciaba las hojas, meciéndolas con suavidad, tomando parte en el susurro de advertencia de los árboles. Las pisadas se detuvieron y el hombre de cabello negro y ojos color azul hielo volvió a olfatear el aire. Cualquier persona normal que lo viera por primera vez, sin conocerlo en realidad, estaría de acuerdo de que se trataba de un hombre muy guapo, con una mirada profunda y un rostro de expresiones más bien engreídas, pero sin duda atractivas. Pero Sieglieg Liedger estaba lejos de ser lo que todo el mundo consideraba como “persona normal”. Muy pocos podrían decirte que Sieg, como le gustaba que lo llamaran sus amigos, que eran muy pocos a esas alturas, era un mago. Y eran aún menos los que sabían que, además, era un vampiro. Solo aquellos a los que él consideraba amigos verdaderos o rivales excepcionales los sabían.

El vampiro miró los alrededores, siguiendo las indicaciones que le daba su sentido del olfato. Al parecer estaba cerca. Era una travesía que había comenzado cinco años antes, en Estados Unidos. Ahora, todo lo que había averiguado hasta ese día del año 2004, lo traía a Europa, tan cerca de su verdadero hogar, y a la vez increíblemente lejos. Los incidentes transcurridos en Norteamérica el año 1999, que lo habían envuelto a él por pura casualidad, habían descubierto el inicio de algo, un plan, que increíblemente coludía a grandes poderes tanto muggles como mágicos. Desde entonces, Sieglieg se había encargado de investigar todo lo que podía acerca de aquel plan, viajando por todo el continente americano, destapando pequeños detalles que lo habían guiado hasta ese lugar, un bosque que era atravesado por la frontera entre Francia y España. Él no podría decir con exactitud en cual de los dos países se hallaba en aquel momento, porque todo ese territorio no figuraba en los mapas. Estaba protegido de los intrusos muggles con poderosos encantamientos. Y como había descubierto hacía algunas horas, tampoco se podía desaparecer de aquel lugar.

Llevaba unas cuantas horas atravesando el numeroso grupo de árboles y haría unos minutos que había percibido un rastro que lo guiara. Olía a humo. Descartando un posible incendio, pues no escuchaba que fuera eso, solo pudo pensar en una fogata o una chimenea. Manteniéndose atento, aunque no percibía a ningún “otro” ser vivo por ahí, volvió a ponerse en marcha siguiendo el aroma de la madera quemada.

Lo había notado nada más al entrar en el bosque, la completa ausencia de animales. No había ningún ser vivo en ese lugar. Ni ciervos, ni osos, ni perros, ni roedores. Ni siquiera aves. Pero sabía que no estaba solo ahí. Tras unos minutos caminando lo confirmó. A los lejos, entre los árboles, logró divisar una destartalada cabaña, de madera vieja y podrida, que como él había pensado en un inicio emitía humo desde su chimenea de piedra. Sonriendo de lado un segundo, Sieg no perdió tiempo en dedicarse a descubrir cuanta gente lo estaría esperando dentro, solo siguió avanzando, sin molestarse siquiera en silenciar sus pasos. El camino de tierra seca estaba cubierto de hojas caídas, pero era notorio que era un sendero que conducía directamente a la cabaña. Sieg se detuvo frente a la puerta de entrada y, volviendo a sonreír, tocó respetuosamente, divertido. Sea quien fuera que estuviera en el interior, se paralizó en el acto.

Cruzándose de brazos, esperó a que le abrieran la puerta, y cuando fue tan notorio que eso no iba a pasar, puso los ojos en blanco y abrió la puerta. Increíblemente, el interior de la cabaña se veía aún peor que su fachada externa. Todo estaba sucio, podrido, y el hedor a muerte y carne descompuesta que le golpeó el rostro al abrir la puerta hubiera desmayado a cualquiera que no estuviera acostumbrado ya a los rastros que dejaba La Parca. Un corto pasillo se extendía frente a él, junto a unas escaleras angostas y nada confiables que ascendían hacia un segundo piso. Al fondo del pasillo, vislumbró una puerta cerrada y una cuarto pequeño que se ampliaba hacia la derecha. Frunciendo los labios levemente, en una expresión de pensamiento, el vampiro entró sin problemas en el lugar y eligió seguir por el pasillo, habiendo detectado que el ocupante de la cabaña se hallaba más adelante.

La verdad era que no esperaba encontrarse con lo que vio. Un hombre, aparentemente, de avanzada edad, se encontraba sentado en una silla, sosteniendo un bastón de madera, junto a una mesa en lo que podría haberse visto como una cocina si no hubiera estado cubierta de carne podrida. Era más bien como un matadero. El hombre, de piel arrugada, pálida, algo verdosa, posó sus ojos inyectados de sangre en los del vampiro de pelo negro.

- ¿Cómo ha entrado aquí, joven? – preguntó el anciano, con voz grave y acabada, rasposa, en español. Sieg frunció el entrecejo. No se esperaba aquello. Podía sentirlo; ese anciano no era humano. Bueno, no en su totalidad. Percibía su parte de vampiro… pero no era un vampiro tampoco, ni un híbrido. Era muy similar a aquellas criaturas que conoció cinco años antes, en América. La diferencia radicaba en la habilidad de articular palabras y no basar la comunicación en rugidos y gruñidos graves. Aun así, el vampiro de ojos grisáceos esbozó una sonrisa ladeada.

- ¿Por qué no nos saltamos toda la actuación, compadre? – le ofreció Sieg, hablando en español también, con un acento gringo fuerte marcado. – Sé que sabes que sé lo que eres y lo que está sucediendo aquí. Si me dices donde puedo encontrar a tu líder, te dejaré ir por ahora.

Bastó revelar que su farsa no estaba resultando para que el anciano reaccionara más como las criaturas que él recordaba. En un parpadeo, el hombre estaba de pie, apretando la mandíbula y enseñando un juego de dientes puntiagudos demasiado fuertes para alguien de su edad, gruñendo. Y se lanzó contra él, aun sujetando su bastón. Para un vampiro como Sieg, que contaba con más de 500 años ya, era obvio que aquel anciano estaba muy abajo en la jerarquía de todos los involucrados en todo aquel asunto. Bastó con utilizar la mano derecha para desviar la mano con la que el atacante planeaba arrancarle la cabeza, y darle un fuerte golpe en el rostro con el puño izquierdo. El sonido del metal vibrando hizo eco en la habitación tras el golpe, y Sieg miró su mano enguantada. El brazo que le faltaba lo había remplazado con un miembro de plata creado por él mismo.

El anciano cayó de espaldas sobre el desgastado piso de madera, quebrando algunas tablas y soltando su bastón, que salió volando hacia el techo. Sosteniéndolo fuertemente con su mano derecha, Sieg atrapó el bastón en el aire con su mano libre y lo clavó profundamente en el pecho del anciano, atravesando su corazón.

- Pésima respuesta, viejo. – le dijo Sieg, clavando el bastón de madera aún más antes de soltarlo. Se quedó mirando como el rostro del viejo se tornaba gris oscuro mientras un quejido lastimero escapaba de su boca, antes de morir. Era exactamente igual que con las criaturas que había enfrentado en 1999. Al igual que con los vampiros, una estaca de madera en el corazón y listo.

Dejando el cadáver en el piso, miró en derredor antes de acercarse a la ventana que había a su derecha. A través de ella pudo ver más columnas de humo elevándose al cielo, a lo lejos. Sonrió de lado. – Y yo que creía que tendría que buscar profundamente en el bosque. – comentó, en inglés, para si mismo. Negando con la cabeza, sonriente, se volteó para regresar a la puerta de salida. Pero se detuvo en la mitad de la cocina al ver como el cuerpo del anciano se retorcía fuertemente. Frunciendo el entrecejo, se dedicó a observar lo que estaba sucediendo. El color grisáceo oscuro del rostro del muerto retomó su blanco anterior y el viejo se puso lentamente de pie, con el bastón aun atravesándole el pecho. – Ok… eso es nuevo.

El viejo sonrió y se extrajo el bastón del pecho, partiéndolo en dos y mirando, amenazador, a Sieg. El vampiro estuvo listo antes de que el viejo se lanzara al ataque de nuevo, intentando clavarle alguno de los trozos de bastón en el pecho.





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Re: Vampire Conspiracy

Mensaje por Elise Malfoy BC el Vie Dic 28, 2012 4:19 pm

Ok... No volveré a mirar igual a los viejos con bastón D=
Fuera de bromas me ha gustado mucho, te dije que tenía ganas de leerlo y no me decepcionaste. Morí de risa con "estaría de acuerdo de que se trataba de un hombre muy guapo, con una mirada profunda y un rostro de expresiones más bien engreídas, pero sin duda atractivas"... Vuestro ego no tiene límites, todavía me sorprende.


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